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ESQUINAS

ALEXANDRA GONZÁLEZ

BERNARDITA TAGLE

TAMARA RIVADENEIRA

TAMARA MÜLLER

Fecha: 08, 09, 10, 11 de Diciembre 2016

Texto de la muestra por Amanda Salas Rossetti, investigadora y docente de arte: 

Como en el béisbol, las artistas de Cuatro Esquinas se ubican, cada una, en una esquina, porque, según explican, tienen distintas visiones de la pintura. Cada una, siguiendo la nomenclatura beisbolera, está en una “base”. Desde allí desarrollan su lenguaje, sus temas e inquietudes. Al decirnos que trabajan desde cuatro vértices tratan de advertimos de que no busquemos en esta muestra elementos compartidos. Situarse en una esquina es una hábil solución para subsanar el problema de no tener ejes comunes, “algo que nos reúna”. Sin embargo, les permite una maniobra más interesante: reconocer el trabajo de cada una, gracias y desde la distancia que tienen con la otra. Porque, como en el béisbol, cruzar de una base a otra, recorrer los puntos, es el sentido del juego.

Alejandra González aborda el retrato con colores estridentes en un guiño al fauvismo. Trabaja los rostros alterando, no tanto su fisionomía, sino que su gama cromática. Así, revienta la pigmentación de la piel humana con una paleta tropical, como si quisiera declarar: sí, la pintura también puede ser festiva.

Mientras, Tamara Rivadeneira nos presenta figuras masculinas solitarias que a duras penas se sostienen así mismos. Caen y se desvanecen en ambientes cromáticos pálidos, vaporosos y etéreos. “Tengo frío de la vida”, escribe Fernando Pessoa. Quizás a los seres de Rivadeneira les pasa algo parecido.

Bernardita Tagle abandona la representación de la figura humana a la que dedicó largas tardes universitarias para, en esta ocasión, exhibir trajes. En un diálogo con el diseño de moda propone tres piezas de vestuario bellamente decoradas, alegres, pero incomodas. Vestidos rígidos que contrarrestan cualquier sinuosidad del cuerpo femenino, para el que se supone están creados. Así, hace de esta segunda piel una coraza linda, pero inllevable.

En las obras de Tamara Müller la naturaleza adquiere una densidad visual y dramática. Sus bosques monocromos, de troncos negros y tenue luz, dotan de misterio a un paisaje cuyas formas se confunden con sus sombras. La quietud de la escena abre el camino a lo incierto, no todo está revelado en este espacio. Al igual que ocurre en el video de Müller, aun cuando atendemos al movimiento ondulatorio del mar, la mirilla impone un dentro, como si algo o alguien fuese asomarse en ese turbulento ir y venir de agua.

Las cuatro esquinas en esta exposición no son solo puntos dispares de campo de juego, sino que lugares por donde estas artistas nos piden que transitemos para recorrer el insipiente perímetro de sus producciones.  Porque a veces solo se tienen vértices, como en el béisbol. Unas bases equidistantes, desde donde hay que tirar líneas para un trabajo colaborativo. “El arte no es una hermosa morada, sino una tarea para estar tratando siempre de solucionarla, tanto en su producción como en su recepción”, dice Adorno. Home run.